
El hábito de comerse las uñas es conocido como onicofagia y es considerado una autoagresión producto de la ansiedad, estrés y depresiones por lo que no se cura con castigos físicos sino con terapia psicológica, aseguran especialistas.
Tensión, ansiedad, estrés o cualquier motivo es suficiente para quienes en cuestión de minutos devoran sus uñas, cayendo en la “onicofagia”, enemiga de la estética y la salud. El comerse las uñas es considerado un hábito patológico que incluye negativamente en la estética de las manos, boca y dientes.
Cerca del 45 por ciento de los niños durante la pubertad, alrededor del 25 por ciento de los universitarios y más o menos el 10 por ciento de las adultos mayores de 35 años se comen las uñas.

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